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El Ariguanabo

Yo no sé decir que no

   Aprender a vivir, es una compleja tarea que toma toda la vida y no siempre se logra el resultado deseado;  expresa el doctor,  Sergio Pérez Barrero, en su libro “Psicoterapia para aprender a vivir”.

   El Ariguanabo, extrae de este volumen, distintas contingencias que conspiran contra el propósito de lograr una mejor vida,  y ante las cuales están los consejos del facultativo.

   Usted aprenderá aquí a reconocer dónde están sus dificultades, y a superarlas sanamente, sin entrar en conflictos. Hoy hemos seleccionado el caso… “Doctor, el problema es que yo no sé decir que no”.

  Expresan personas que acuden a la consulta con manifestaciones de neurastenia, es decir, cansancio físico y mental, dificultades para concentrarse, lo cual les acarrea trastornos de la memoria de diversos grados.

  Entre esas perturbaciones encontramos: cefalea suboccipital referida como un “peso en el cerebro”, somnolencia diurna e insomnio nocturno, disminución de la productividad del trabajo y desarreglos en la esfera sexual.

  Estos trastornos, que afectan diversas esferas de la vida del individuo, son consecuencia en la mayoría de las ocasiones de la manera en que enfrenta su vida.

  La persona que “no sabe decir que no” es un sujeto con magníficos atributos personales: puntual, disciplinado, cumplidor, confiable, obediente, permeable a la crítica y a la presión del grupo.

  Además, señala el doctor  Sergio Pérez Barrero  en su libro “Psicoterapia para aprender a vivir”,  que estas personas gozan del respeto y la consideración de los compañeros de trabajo, de familiares y amigos.

  Entre sus características se encuentra la incapacidad de evitar que sobre sí mismo se multipliquen las responsabilidades y obligaciones. Y no sabe evitar nuevas tareas impuestas, a pesar de tener muchas más que el resto de sus compañeros.

  Así, es jefe del colectivo de estudio o de trabajo, además de monitor de varias asignaturas o dirigente sindical; con cargos en alguna organización de vecinos, política, fraternal o religiosa; con una familia a la que atiende de forma esmerada. En otras palabras: “el hombre orquesta”.

  Pero, como su vida de diluye entre incontables obligaciones, cada una de las cuales le demanda determinada cantidad de energía física y mental y la mayor parte de su tiempo, él  que no sabe decir que no, comienza a agotarse.

 Comienza entonces a pensar que tiene alguna enfermedad física, generalmente anemia o hepatitis, causante de su decaimiento y la somnolencia durante el día, hasta que, después de un chequeo de rutina en el cual los exámenes habituales arrojan resultados negativos, es enviado a la consulta de psiquiatría.

  Y uno de los primeros consejos a este tipo de personas es el deber de aprender a decir No, como mecanismo defensivo para evitar el exceso de responsabilidad y tareas.

  Este recurso le permitirá hacer un uso más racional de sus potencialidades,  conservar su capacidad laboral, conocer sus limitaciones por las experiencias pasadas, etc. Y lo más importante, evitar las manifestaciones neurasténicas.

  Decir No le dejará brindar una oportunidad a otro individuo para desarrollar sus capacidades, demostrar sus habilidades y contribuir al buen funcionamiento del colectivo de estudios o de trabajo.

  Decir No le protegerá contra quienes no desean tener responsabilidad alguna ni tampoco desean asumir una actitud de compañerismo hacia aquel que está atiborrado de obligaciones.

  Hay situaciones en las que no se puede decir No; otras en las que no se debe decir No; algunas en las que no es prudente o no conviene decir No. Pero hay un gran número de oportunidades en las que sí podrá decir claramente No y esa negativa no le ocasionará problema alguno.

  Por último, usted ha dicho casi siempre Sí. Por una vez que diga No, el mundo no se detendrá. Y mañana, el sol volverá a brillar para todos.

  Luego de estas reflexiones de la “Psicología Al Día”,  está abierto el debate. El Ariguanabo,  lo convoca a opinar sobre el tema, o simplemente, a expresar sus vivencias. Haga clic en el punto rojo, ubicado en la parte superior derecha de esta sección, y deje su comentario.

 Adaptación:   Arián Ramos Gutiérrez

                   e-mail: arianrg@uci.cu

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